En torno al calostro se han creado muchas leyendas falsas: que no alimenta, que sienta mal al niño… Pero la realidad es que ese denso líquido amarillento es un alimento de una calidad inigualable e inimitable que nutre perfectamente al recién nacido hasta la subida de la leche.
Se adapta a las necesidades específicas del bebé:
— Cantidad ideal. El bebé que se alimenta de calostro no necesita nada más (a no ser que haya indicación médica), puesto que los riñones de un recién nacido no están preparados para recibir líquidos en grandes cantidades. Es totalmente normal que el niño pierda peso al nacer (se denomina pérdida fisiológica y puede ser de hasta un 10 por ciento, que se recupera en unos días), y esto no significa que esté pasando hambre (siempre que tenga acceso al pecho sin horarios).
— Le ayuda a la digestión. El calostro facilita la evacuación de meconio (la primera caca del recién nacido) y ayuda a la digestión, además de potenciar la maduración del sistema digestivo.
–Crea defensas inigualables. Pero quizá su valor más importante es que, gracias a que contiene un elevado número de inmunoglobulinas (proteínas con funciones de anticuerpos), aporta unas defensas que van a proteger al niño frente a gérmenes y otros peligros y enfermedades.