Los hermanos se pelean, eso es así. Pero ser consciente de esa realidad no es un consuelo cuando tienes que hacer de pacificadora una docena de veces al día, por lo menos. Te ofrecemos ciertas recomendaciones que te pueden ayudar.
RECOMENDACIONES:
SÉ REALISTA:
Si le aseguras a tu hijo mayor que cuando nazca su hermanito o hermanita pequeña todo va a ser una balsa de aceite, lo más probable es que se sienta estafado desde el primer día. “Todo cambia y no tendrás tanto tiempo para dedicarte. No es prudente hacer pensar que todo va a ser de color rosa”. Es bueno explicarle que vas a estar muy atareada cuidando del bebé y anímale a ser útil ayudándote a cambia los pañales, a jugar con su hermanito o darle el biberón, de modo que no se sienta relegado.
ESCÚCHALE:
Si ves que no das abasto, es posible que tus hijos sientan que deben competir para captar tu atención. Cuanto más atareada estés, más reclaman tu atención. La clave está en hacerles saber a cada uno de ellos que pueden contar contigo. Si por no escuchar respondes con un “espera un momento”, en lugar de perder dos minutos en contestar a sus preguntas, no ganarás nada. Si notan que les escuchas, seguro que están más contentos y se animan a jugar un rato solos.
HABLA LAS COSAS:
Cuando tu pequeño chilla: ¡Ojalá pudiéramos devolver al bebé!, te sientes tentada de decirle “Seguro que no lo piensas de verdad”, pero es que ¡si lo piensas! “No intentes esconder esos sentimientos bajo la alfombra porque podrían aparecer de otra manera, en forma de pesadillas u hostilidad hacia el bebé” Lo mejor es que trates de hablarlo con él. Acepta sus sentimientos (“Ya entiendo que, en este momento, el bebé no te hace mucha gracia”), averigua las causas del problema e intenta encontrar con él la solución.