Si tu bebé ya ha comido, dormido, no está enfermo y le has cambiado, pero sigue llorando, quizá consigas calmarle siguiendo estos consejos:

• Chupete: necesita succionar y en que el uso del chupete (o del dedo) es absolutamente normal.

• Movimiento: muchos ataques de llanto se acaban cuando lo acunas en brazos o en una mecedora, llevándole a cuestas en la mochila o dándole un paseo

• Contacto: algunos bebés se relajan si les aplicas un masaje con los dedos impregnados en un aceite o crema para su piel. En cualquier caso es una técnica que le ayudará a conciliar un sueño tranquilo.
Y una práctica muy eficaz que ya empleaban nuestras abuelas consiste en envolverlo ciñéndole una manta de algodón al cuerpo durante un rato.

• Agua: toma un baño templado con tu hijo. Os irá bien a los dos para calmaros. A veces, incluso el simple sonido del agua corriendo le calmará o le distraerá y dejará de llorar.

• Sonidos: las nanas, la música suave y los latidos del corazón, pero también el ruido del mar y el de la lavadora o la aspiradora, probablemente por la similitud con los sonidos que percibía antes de nacer, pueden calmarle.

• Tiempo: cuando llora a causa de la tensión, necesita descargar energía para relajarse y dormir. En estos casos lo único que puedes, y debes, hacer es dejarlo llorar.

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