El esqueleto del recién nacido

bebe

A medida que el bebé va creciendo los huesos van cambiando. Al nacer, los huesos de un bebé son muy blandos, esponjosos, porosos, y contienen mucha agua, más que los de un adulto. Durante los dos primeros años de vida, los huesos van creciendo de tamaño, se van uniendo y se vuelven más duros. En el útero, el esqueleto de un feto no tiene huesos, sino cartílagos. Conforme van pasando los meses y a medida que el feto crece, comienza el proceso de osificación. Cuando el bebé nace y va siendo alimentado con leche materna, el calcio se va quedando en los huesos y estos se hacen más fuertes.

Son dos las partes que tiene un esqueleto: el esqueleto axial o central (donde encontramos el cráneo, los huesos del oído, el hueso de la garganta, la columna vertebral y los huesos del pecho); la segunda parte más importante es el esqueleto apendicular (cintura, brazos, manos, faja pélvica, piernas y pies). El esqueleto de un bebé cuenta con unos 270 huesos mientras que los de un adulto, 206 huesos. Esto es debido a que hay huesos que se funden, formando uno solo, como puede ser el del cráneo y la columna vertebral. A medida que crece el bebé, muchos de los huesos se funden hasta que en la edad adulta quedan muchos menos.

Los huesos más largos del cuerpo experimentan un gran crecimiento cuando al bebé se le ha liberado de los confines del útero. Cuando el hueso se ha osificado, los cartílagos de crecimiento se endurecen y se convierten en hueso. Respecto a las extremidades, éstas experimentan más cambios drásticos en la infancia.

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