Aunque pueda parecerte extraño, es posible estar embarazada y no haber «engordado» ni un solo gramo. Durante el primer mes, el aumento de peso es mínimo y corresponde fundamentalmente a los tejidos maternos. Al finalizar el tercer trimestre, el total de incremento que corresponde a feto y placenta es de aproximadamente 5 kg, mientras que al compartimento materno (útero, líquidos…) le corresponden alrededor de 6,8 kg del total del peso ganado.
¿De qué depende el resto de kilos que hace subir la báscula? :
De la grasa que acumules. Así lo explica la experta: «Los depósitos de grasa en los tejidos maternos sirven como reserva energética, especialmente durante el periodo de lactancia, y es el más variable de todos los componentes del aumento de peso». Esto explica por qué, al poco tiempo de dar a luz, algunas mujeres lucen un tipo espectacular (¿te has fijado en la actriz Jessica Alba al mes del parto?) y otras necesitan varios meses para desprenderse de los «michelines».
Con un hambre voraz o sin apetito:
El primer trimestre suele ser el que más alteraciones digestivas conlleva (náuseas, vómitos, acidez…), por lo que mantener una dieta adecuada se hace más difícil. Lo bueno es que en estos tres meses debes comer las mismas cantidades que siempre, sin aumentarlas, lo que se agradece cuando tienes el estómago revuelto. Con respecto al resto del embarazo, ahí sí tendrás que comer un poco más de, lo habitual. Aproximadamente, unas 300 kcal diarias extra en el segundo trimestre, y unas 400 más diarias en el tercero.
Esto no te da vía libre para «atiborrarte» y, aunque debes tener en cuenta tu sensación de hambre, lo importante es que te decantes por cosas sanas y no «por la simple apetencia, para no desplazara alimentos y nutrientes indispensables». Pero ¿puedes darte un capricho o dejarte llevar por los antojos? «Los alimentos con menor calidad nutritiva pueden tomarse, aunque es recomendable hacerlo con moderación».