El parto no siempre va como se había planeado e incluso cabe la posibilidad (poco frecuente) de que no consigas expulsar al bebé, son tres las razones principales por las que puede suceder: 

  1. Porque empezaste a empujar pronto, antes de tiempo.
  2. Porque estás exhausta y no puedes empujar más.
  3. Porque tu bebé tiene una posición complicada y no ha rotado de la forma conveniente. A veces el cordón umbilical se enrolla en su cuello o se está tocando la cara con la mano y esto puede hacerle retroceder por el canal del parto.

¿Qué pasa en esos casos?:

  1.  Tal vez necesites una episiotomía (un corte que va de la apertura vaginal al ano) para facilitar la expulsión del bebé. En cuanto finalice el parto se creará con unos puntos de sutura.
  2. Puede que tengan que utilizar forceps: unas lengüetas especiales que se encajan en la cabeza del bebé para aydudarle a salir o girarlo.
  3. Quizás opten por emplear una ventosa, que es como un casco succionador que se fija a la cabeza del bebé para facilitarle la salida al tiempo que tú empujas.
  4. Y siempre está la cesárea, que en estos escenarios no implica necesariamente que te la tengan que practicar, a menos que surjan complicaciones como una hemorragia o sufrimiento fetal. Ninguna de estas situaciones tiene ver con que tú hayas sido o no capas de empujar. Si tu cérvix está completamente dilatada, hay medios para sacar al feto sin tener que recurrir a una cesáres, pero siempre depende de como estés tu y tu bebé

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