La listeriosis es una infección producida por la bacteria Listeria Monocytogenes, un germen que se encuentra en algunos alimentos. Se traduce en una fiebre que aparentemente no tiene explicación, escalofríos y dolor de cabeza que pueden aparecer unas semanas después de haber ingerido el alimento infestado. Aunque no es una enfermedad demasiado frecuente, las mujeres embarazadas tienen una probabilidad 20 veces mayor que el resto de la población de contraer listeriosis.
De hecho, casi un tercio de los casos de listeriosis se producen durante el embarazo. La listeriosis puede transmitirse al feto a través de la placenta, aunque tú no tengas los síntomas de la enfermedad. Las consecuencias pueden ser un parto prematuro, aborto o secuelas neurológicas en el niño. La listeria resiste temperaturas comprendidas entre los 4 y los 56 °C, por lo que puede aparecer en cualquier alimento que comas sin someterlo a cocción y que hayas conservado en la nevera.
Sin embargo, algunas medidas de higiene te permitirán reducir al mínimo el riesgo de contaminación:
• Evita los quesos blandos como el Brie, Camembert, Feta, y los de pasta enmohecida, como el Cabrales o el Roquefort. Puedes comer con tranquilidad los de pasta dura, los pasteurizados para untar o el requesón.
• Evita los platos preparados en los que se haya utilizado leche cruda.
• Evita los pescados ahumados, los patés que no estén en conserva, los embutidos crudos y, en particular los que contienen hígado, así como el surimi.
• Retira siempre la piel del queso antes de consumirlo.
• Acostúmbrate a lavar bien todas las superficies de trabajo donde vayas a depositar alimentos, la nevera y los utensilios de cocina.
• Lávate las manos con agua caliente y jabón antes de comer.
• Mantén separados los alimentos crudos de los que están listos para comer en la nevera.
• No guardes restos de comida.
• Aunque prefieras la carne poco cocida, cocínala muy bien. También el pescado.
• Lava muy bien las frutas y las verduras y, siempre que puedas, elimina la piel.