Cuatro cerditos iban andando por el campo, muy animados y contentos. Charlaban por los codos y se contaban muchas cosas graciosas. Entre risas y piruetas, el camino se les hacía más corto. Iban a comer a casa de su abuelita.  Ella guisaba de maravilla y ya se relamían los cuatro pensando en las delicias del menú.

En esto se encontraron con dos osos que venían en dirección contraria. Tenían ganas de fastidiar a alguien y se sentían muy ocurrentes, así que dijeron a los cerditos:
—No sigan por este camino, que está cortado. Andan haciendo obras,estan cortando árboles, así que es mejor que den un rodeo por el bosque, ¿verdad, Osín? —aseguró el primero de ellos.
—¡Desde luego! Mi amigo les aconseja bien. Además de  que no puden pasar se van a llenar de polvo si siguen por aquí —contestó el aludido.

Los cuatro cerditos, tras agradecer la gentileza a ambos osos, se adentraron en el bosque, dispuestos a dar un pequeño rodeo, pero a poco de entrar en la maleza comprendieron que se habían perdido.

Por fortuna, un periquito había oído la conversación mantenida por ellos con los dos osos y, conocedor de lo que ocurría, se apresuró a advertirles.

— ¡Vamos, cerditos!, salid del bosque cuanto antes, pues esos osos sinverguenzas les han tomado el pelo. El camino no está cortado. Seguirme; yo los llevaré al mismo punto en que estában.
Los cerditos, desconcertados, obedecieron. No tardaron en hallarse de nuevo sobre el camino que habían andado. Antes de despedirse, el periquito les advirtió:

—Espero que hayan aprendido la lección. Jamás deben hacerle caso al primero que pase su lado. ¿Entendido? Si, no hubiera escuchado la conversación quién sabe donde estarían ahora.
— Sí, buen periquito, entendido. ¡Y muchas gracias por tu generosa ayuda!
— le dijo uno de los cerditos, muy agradecido.

Los cuatro aprendieron la lección de sobra, y nunca más volvieron a creerse las patrañas de nadie.

Extraído: Fábulas para niños

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