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Terminaba el frío y comenzaba a sentirse la presencia del verano. Entonces los Gnomos decidieron ir en busca de un poco de hielo que habían enterrado durante el invierno.

Había sido Zago quien les sugirió que lo enterraran en invierno, cuando abundaba, y lo conservaran para el verano.
Albarina, el hada gordita, al ver el hielo pensó en los helados.

—¿Helados? —preguntaron extrañados los Gnomos.
—Cómo, ¿no sabéis qué es un helado? —preguntó sorprendida Alban rina,
¡Es imposible pensar en el verano sin helados!
En el bosque, lo único dulce que se conocía era la miel de las abejas. No había mucha y tampoco era fácil conseguirla, ya que las abejas eran celosas guardianas.

albarina

Por esto, cuando Albarina habló de helados, todos se relamieron.
-Harina, leche, huevos y azúcar en grandes cantidades -pidió Albarina-.
Y no olvidéis el chocolate y la fruta.
-¿Azúcar… chocolate? ¿Pero… qué es eso?
-¡Ah! Es cierto, olvidaba que aquí no existen. Pues entonces traed miel y leche de castaña. Seguramente tendré alguna receta mágica que nos servirá -dijo Albarina, mirando su recetario.

Los que confiaban en Albarina ese día no comieron nada, pensando en el atracón que se darían. Mientras los demás, desprevenidos, se arrepintieron de no tener la barriguita vacía del todo. Por la noche, Albarina presentó su obra maestra.
No había solamente helados, sino también tartas de crema, de nata, turrones… ¡Qué fiesta para el paladar! 

muchos-helados

Los Gnomos no recordaban nada similar. Al cabo de mucho tiempo, el gnomo mago todavía añoraba ese día y, mirando su sombrero, suspiraba y decía:

-¡Y pensar que una vez estuvo lleno de helado!

A comienzos del verano siguiente, Azafrán recibió un mensaje del Norte que decía: «Nosotros, los habitantes de los Grandes Hielos, pedimos a nuestros hermanos de los Países Templados que nos ayuden a explotar la única riqueza que poseemos, el hielo, para poder hacer helados. Por favor, decidnos cómo se preparan. Esperamos vuestra respuesta.» Y firmado: Morsa Negra.

Lamentablemente, el gnomo mago no pudo satisfacer este deseo
porque Albarina ya había vuelto al Reino de las Hadas, llevándose con ella el secreto de los helados.

Extraído: “El libro del bosque”

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