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El juego es una de las actividades indispensables para el desarrollo de los bebés. Aprenden a conocer su cuerpo y el mundo, interiorizan las nociones del tiempo y espacio, y consiguen aliviar su ansiedad y sus temores. En cuanto al aprendizaje, aparte de estimular el desarrollo intelectual, el juego fomenta un valioso hábito que es la perseverancia.

Facilitar la transición de la dependencia a la independencia es una de las funciones del juego. Al principio el juego es solitario. No significa que el bebé vaya a estar solo, sino que por el momento no va a establecer intercambios, aún cuando esté con otros chicos. Los demás niños serán tratados como juguetes: los inspecciona, los toca, aprende a conocerlos.

El intercambio comienza a producirse en la etapa escolar. En ese momento, descubrirá qué juegos puede compartir y cuáles no. Y de acuerdo con la forma en que establezca los lazos con sus pares, irá perfilando su personalidad: si se impone a los otros, o se somete d la voluntad del más fuerte. Si es flexible para alternar entre lo que él quiere y lo que quieren los demás.

Para los más chiquitos, cualquier objeto que cae en sus manos puede transformarse en un juguete. Sin embargo, es recomendable que los padres le den aquellos juguetes que resultan más adecuados para su desarrollo.

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