Una relación de pareja es sensible a los cambios, y el embarazo no es cualquier cosa. Implica un cambio puntual de nueve meses, que va más allá, pues en unos años el protagonista será el niño.

Existen una serie de cambios en diferentes aspectos:

SEXUALES: Hay un descenso de la libido de la mujer, sobre todo en el segundo trimestre. Los cambios hormonales, la autoimagen de ella, las variaciones y molestias físicas pueden explicarlo.

AFECTIVOS: La gestante puede tener la sensación, real o no, de que su pareja no le expresa el afecto y cariño que precisa en esta etapa de su vida, pudiendo incluso provocar que se plantee la idoneidad o no del embarazo.

DE COORDINACIÓN: Siempre es esencial la compenetración en la pareja; aún más ahora. A veces, la mujer se queja de la poca colaboración de su pareja para tareas que antes hacia con facilidad.

DE EXPECTATIVA: En el embarazo pueden surgir conflictos sobre cómo será su vida cuando nazca el bebé, centrados en: el tiempo de baja maternal, educación del hijo, contabilidad doméstica, reparto de tareas, etc.

FAMILIARES: La familia,  que a veces ocupa temas de discusión entre la pareja, y en especial ante un nuevo ser. Todo se puede afrontar de forma positiva bajo tres pilares básicos: comunicación, respeto y empatía.

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