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Está demostrado que los niños autistas, o con cierto problemas de retraso en su proceso de maduración pueden establecer buenas relaciones con los animales y crear lazos afectivos que, tal vez, les cuesta más con las personas. Recientes investigaciones realizadas con niños autistas y publicadas en el I Congreso Internacional El Hombre y los Animales de Compañía: Beneficios para la salud, demuestran que la presencia, por ejemplo, de un perro entre un terapeuta y un niño favorece su interrelación, pues el niño responde de forma clara a la presencia del animal.

A pesar de su bajo nivel de comunicación con el exterior, el niño puede salir de su aislamiento, aunque sólo sea por unos momentos, cautivado por el movimiento y el sonido del perro. Poco a poco es capaz de incorporarse al juego (tirarle pelotas, cepillarlo, acariciarlo) junto con el terapeuta. Otro caso son los delfines, con su simpatía, inteligencia y afecto, han logrado lo que otras terapias no han podido: que los niños autistas se abran al mundo gracias a unos seres que los acarician y saltan junto a ellos con infinita dulzura y cuidado.

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