La leche materna es el mejor alimento que puede tomar tu hijo, pero si amamantarle te resulta ahora muy complicado y puede generarte estrés, no le des más vueltas. El equilibrio no siempre es fácil, pero hay que intentarlo. En el caso de la lactancia, parte del éxito radica en el que se establezca entre las necesidades del bebé y las de la madre.

El bienestar de tu hijo es prioritario, pero para cons eguirlo tú tienes que estar bien. Si pensando en él te fuerzas a algo que en el fondo no deseas te convertirás en una madre con sentimientos contradictorios. Una madre que no es la que necesita tu hijo, y de la cual tú no estarás orgullosa. Hay madres a las que amamantar se les hace muy cuesta arriba por varios motivos.

MOTIVOS PERSONALES:

• TRABAJO: Quizás tienes que volver a tu actividad laboral pronto y no te crees capaz de compatibilizarla con la lactancia. Tampoco te imaginas extrayéndote leche ni tu profesión te permite tomarte el tiempo necesario para hacerlo con calma.

• ESTADO EMOCIONAL: Sientes que tienes a tu hijo demasiado encima, que tú eres la única que estás por él. Te sientes demasiado atada y la única que asume responsabilidades. No te ves capaz de sobrellevar todo ese peso tú sola.

• ASPECTO FÍSICO: Hay mujeres que le dan mucho valor y el miedo a perderlo les resulta traumático.

• SALUD: Un caso excepcional, pero que puede ser el tuyo. Un tratamiento médico, algunas cirugías mamarias o una enfermedad grave pueden ser incompatibles con la lactancia.
 

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