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Disculparse es un ejercicio que muestra bien a las claras cómo el razonamiento de los niños es muy diferente al de los adultos. Cuando el niño comete alguna travesura en público, lo primero que le decimos que le decimos es que pida perdón. Pero para un niño en edad preescolar es más difícil disculparse que portarse bien.

Si le ha hecho daño a su hermanito, es más probable que le haga un dibujo, le de un beso y un abrazo que acepte disculparse con palabras. Es algo que deben aprender y no hay que esperar más de un pequeño a esta edad. La empatía, que es la base para una disculpa verdadera, es una actitud social compleja que tarda años en desarrollarse.

Además, para un niño, decir “lo siento” significa admitir que ha hecho algo malo, y para muchos pequeños hacer algo malo es lo mismo que reconocer que ellos son malos. Si rompe un vaso, es capaz de acusar a su padre, que estaba en el otro extremo de la habitación antes que reconocer su culpa. Por eso, no te enojes cuando suceda algo así. Cuanto más enfadad te vea, más difícil le resultará disculparse.

NECESITAN LÍMITES:

Ahora bien, del mismo modo que se pueden pasar por alto ciertos “errores”, otros deben ser atajados a tiempo. Si hace algo malo a propósito –en especial si hace daño a alguien- exigir una disculpa no es lo primero que hay que pedirle, sino imponerle un castigo acorde con el mal causado y apropiado a su edad. Aunque a veces nos cuesta castigarles, es tarea de los padres establecer reglas y hacerlas respetar.

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