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Correr, saltar, revolcarse por el piso, chillar, simular peleas…..El juego de los chicos, sobre todo los varones, suele sea así: muy bullicioso y con una intensa actividad física. A veces es sólo un modo de llamar la atención, de destacarse frente al grupo; para poder exhibir habilidades, rivalizan y compiten entre sí.

• No hay nada de malo en que los niños jueguen a luchar. Por agresivos y bárbaros que no parezcan estos juegos, suele tratarse de una violencia controlada, moderada, sin un enfrentamiento real.

• Por otro lado, son actividades que pueden considerarse saludables y hasta necesarias si se suprimen, pueden aparecer problemas más tarde, como que el chico no distinga entre la agresividad real y una broma.

• Otra virtud de estos juegos es que infunden valor a los pequeños y los ayudan a superar los miedos excesivos (son eficaces para evitar niños asustadizos9.

• Los padres deben respetar la espontaneidad infantil y no forzar a su hijo a ser demasiado comedido; eso podría anular su entusiasmo y entorpecer su capacidad para actuar y expresarse con soltura y naturalidad.

• Por lo tanto, no se de intervenir sí sus juegos suponen un riesgo real para su integridad física, se están haciendo daño o el juego se transforma en una batalla campal. Aun cuando los puñetazos y patadas, vistos desde afuera, puedan parecer de verdad, casi siempre es posible distinguir cuándo es en serio y cuándo es un juego.

• Las peleas en broma y los juegos movidos y alborotados no son un signo de agresividad.

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