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La eficacia de estas recomendaciones deberá ser adaptada, como es lógico, a la madurez de cada niño, así como al entorno en el que se desenvuelve y, finalmente, a las costumbres de cada familia.

De 3 a 5 años

Podemos encargarle, por ejemplo, que nos traiga alguna cosa desde el otro extremo de la casa. Le hará sentir autónomo en un entorno controlado. Perderá el miedo a estar solo. Puedes hablarle, desde la lejanía para que oiga tu voz. Haz que vaya solo a lavarse los dientes, que encienda él las luces del pasillo y que venza su temor a la soledad.

De 6 a 8 años

Es el momento de asumir reglas de seguridad de manera clara, como no abrir la puerta de la calle, excepto por indicación expresa de los padres. Ya puedes caminar por la calle sin ir agarrado de la mano, respetando las normas de circulación. Es una edad crucial para enseñar con nuestro ejemplo, ya que copiará nuestra conducta.

De 9 a 12 años

Podemos dejarlo momentáneamente solo, siempre bajo vigilancia visual, por ejemplo, en el coche, mientras compramos el periódico al otro lado de la calle, ya que no abrirá la puerta del automóvil para, por ejemplo, realizar una peligrosa aventura por la calzada. A partir de los doce años, ya puede encargarse de pequeñas compras domésticas, del cuidado de algún hermano pequeño, puede quedarse solo estudiando o jugando en casa. Podemos darle momentáneamente o no, la llave de casa para entrar o salir de ella, si bien no tiene por qué ser propia, sino prestada de sus padres. En muchas familias entregar una llave a uno de los hijos tiene una cierta importancia simbólica. 

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