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La ansiedad y la tensión hacen que los chicos reaccionen de forma inapropiada e inoportuna ante situaciones que para nosotros son importantes. Las caras serias de los padres por un disgusto y la incertidumbre que le producen lo inquietante tanto que únicamente puede encontrar alivio en la emoción contraria: hacer algo que haga reír.

Lo mismo ocurre cuando van de visitas. Como los padres insistimos en que se portan bien, el nerviosismo hace que no actúen de una forma normal. Además, a esta edad todavía no son capaces de entender lo que implica portarse bien, porque el significado que le damos los adultos es muy amplio e implica no hacer ruido, quedarse quieto, no interrumpir a los mayores, en definitiva, no hacer nada.

Así, es normal, se aburren y hacen lío para llamara nuestra atención. En general, cuando hay otros chicos o sienten que se los tiene en cuenta, se portan mejor. En esas oportunidades se puede llevar algún juego para que se entretengan.
 

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