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¿Y si mi hijo nace con labio leporino?

A veces, resulta angustioso pensar que nuestro bebé puede nacer con labio leporino. Así mismo, no sabemos si se puede detectar durante la gestación o de qué forma lo podemos corregir. Pues bien, he aquí una serie de indicaciones que nos aclararán muchas dudas.

El labio leporino es una malformación congénita que afecta a uno de cada mil bebés. Las causas que lo originaron pueden deberse a una infección de la madre, a un medicamento que la gestante tomó al comienzo del embarazo o, incluso, también puede ser consecuencia de factores genéticos, siendo la causa más común.

Un adelanto importante es que lo podemos detectar gracias a una ecografía de alta resolución o bien, mediante la ecografía tridimensional. Por ello, cuando existen antecedentes familiares, se realizan todas las ecografías pertinentes para explorar el labio y maxilar superior del feto. Sin embargo, en ocasiones, la postura del feto o la cantidad de líquido amniótico, impiden detectar claramente esta malformación. Es, en estos casos, cuando el pediatra, una vez haya nacido el niño, recomendará a los padres un cirujano plástico que decidirá cuál es el mejor momento para corregir dicha malformación.

Niña operada de labio leporino

Suele operarse antes del tercer mes de vida. Así pues, como el campo de la cirugía está muy avanzado, no suelen quedar cicatrices, la recuperación del bebé es muy satisfactoria y puede tomar alimentos sin dificultad.

No obstante, podemos ofrecer al niño una pequeña ayuda hasta el momento de la intervención. Es decir, cuando succiona, bastará con taponarle con el dedo el defecto, para que no pase aire mientras es amamantado. Si, además, tiene el paladar hendido, una malformación que puede estar asociada al labio leporino, posiblemente sea necesario darle la leche con una jeringuilla.

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