Son episodios que sufren algunos niños cuando inician el llanto, caracterizados por un cese momentáneo de la respiración que puede verse acompañado de un cambio de coloración de la piel (pálida o azulada), alteración variable de la conciencia, pérdida o no del tono postural y recuperación espontánea.

Se producen como consecuencia de una frustración, dolor, temor o traumatismo leve. Comienzan a partir de los seis meses de vida e incluso antes y desaparecen espontáneamente antes de los cinco años. Son frecuentes (4-5 % de la población), no requieren tratamiento y no dejan secuelas a nivel cerebral.

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