Los traspiés cotidianos forman parte de su desarrollo y son necesarios para que aprenda a controlar su cuerpo. Para ayudarlos a afrontarlos hay que secar sus lágrimas y consolarlos con algún «truco sanador». Se puede optar por el clásico «Sana, sana, colita de rana, si no sanas hoy sanarás mañana», mientras se le frota el golpe suavemente y se le da un besito en la zona dolorida.

O recurrir a tiritas «curalotodo», polvos mágicos o un pañuelo rojo en caso de que aparezca sangre. También  resulta útil que el pequeño sople sobre la herida, tomando y soltando el aire despacito (es una técnica de relajación). Sea cual sea el método, el pequeño necesita que sus padres se mantengan tranquilos y lo mimen. No conviene decirles que deben ser valientes y callarse. Hay que hacerles entender que no pasa nada si llora un ratito en nuestro regazo.

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