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ANSIOSA: Entras con frecuencia en un círculo vicioso y al final no se sabe si el bebé llora porque estás nerviosa o estás nerviosa porque el bebé llora.

PACIENTE: Cuando llora actúas con serenidad y descartas una a una todas las posibilidades y, al final, acabas calmándole con caricias o jugando con él.

PESIMISTA: Cada vez que llora temes que le duela algo y acudes asustada a su cuna. El bebé percibe tu angustia y llora todavía con más desconsuelo.

OPTIMISTA: Consideras normal que tu bebé llore de vez en cuanto y, sin prisas pero sin pausas, le vas tranquilizando con tu tono de voz, con tus mimos, sacándole importancia a su desespero.

PRÁCTICA: Si tienes todas sus necesidades cubiertas y, llora un poco, no te alteras. Ya se calmará o se dormirá dentro de un ratito.

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