demasiado-caprichoso-parte-2.jpg

En los primeros años de la niñez, los caprichos son un hecho normal. Todos los chicos los tienen en mayor o menor medida. Sin embargo, a los cuatro años suele existir un cambio para ellos. Esta edad marca un cambio, un deseo de “ser grande”. Cuando un niño sigue siendo muy caprichoso después de cumplida esta edad, suele ser signo de una dificultad de crecer.

Los niños son tremendamente posesivos y no soportan compartir el amor de sus padres con nadie ni con nada.En muchas ocasiones, el pequeño ha permanecido demasiado fijado a su madre, la cual, sin darse cuenta, ha reforzado esa fijación dándole absolutamente todo lo que el niño pide, sin pronunciar un “NO” y sin enseñarle a tolerar ninguna frustración.

Cuando creemos que esa fuerte unión puede ceder: con la entrada al jardín, o por ejemplo con el nacimiento de un hermanito, el niño puede reaccionar redoblando sus caprichos y exigencias para recuperar aquella situación de privilegio

Es necesario empezar a mostrarse firmes, pero sin responder a la agresividad del chico con más agresividad por nuestra parte. Muchas veces, es posible detener un capricho en su primera manifestación, desviando el interés del niño y sin dejar que el capricho se desarrolle. En muchas ocasiones, el caprichoso en casa no se muestra así en otro lado, o con otras personas.

Es muy importante suscitar sus ganas de crecer, valorando la imagen del padre y destacando las ventajas de ser grande. A veces, un cambio de ambiente hace milagros. Unas vacaciones en casa de unos familiares u otras personas en las cuales no está ni mamá ni papá pueden producir la desaparición de muchos caprichos.

Scroll al inicio