Un estudio coordinado por José Antonio Casajús, profesor de la Facultad de Ciencias de la Salud y el Deporte de la Universidad de Zaragoza, revela que, a pesar de que las personas con Síndrome de Down sufren habitualmente problemas cardiovasculares, el ejercicio físico adaptado a las necesidades, consigue mejorar la capacidad cardiorrespiratoria y el consumo máximo de oxígeno.
El ejercicio tiene la consecución de resultados físicos muy positivos, así como la mejora de la autonomía.