bebe-enojado.jpg

 

Un “NO”, no significa dejar al pequeño sin posibilidades de satisfacción, sino ofrecerles otras opciones que quizá no había considerado. A muchos padres les cuesta decir a sus hijos que no. Pero contrariamente a lo que creen, y aunque suene contradictorio, el “no” tiene mucho de positivo. En un principio, cumple una función protectora frente a situaciones de peligro. Y más adelante, va mancando la diferencia entre lo que se puede y lo que no. Decirles que “no” es, entonces, una manera de demostrarles el amor que sentimos por ellos.

Los niños aprenden a conocer el mundo que los rodea por medio de la experimentación. Se acercan a los objetos, los tocan, se los llevan a la boca..Pero no distinguen todavía que algunos son peligrosos. Su naturaleza curiosa puede colocarlos en situaciones de riesgo: al alcance de enchufes, insecticidas, medicamentos, elementos cortantes, fuentes de calor…Es por eso que hay que estar atentos y velar por su seguridad.

Decirles que “no” es, en esta instancia, una forma de cuidarlos frente a los peligros, que por su corta edad aún desconocen. Y al mismo tiempo, una manera de transmitirles cómo cuidarse a sí mismos cuando crezcan. Seguramente todos los padres estarán de acuerdo en que las lágrimas derramadas por los pequeños frente a un “NO” bien valen la pena, si es para proteger su integridad física.

A nadie le gusta ser el malo de la película. El decir que “no” a los niños no es las cosas mejor recibida por ellos. Por lo general en los más chiquitos es el desencadenante de un montón de  berrinches, llantos, pataleos, gritos…., por lo que es más fácil decir “si”. Algunos padres temen que si ponen límites a sus hijos no los querrán de la misma manera. Pero si  queremos lograr un clima hogareño de respeto, tolerancia, y queremos ayudar a nuestros hijos a crecer en una forma saludable, tenemos que aprender a decir que “no” en el momento justo.
 

Dejar una respuesta