Cuando nuestro bebé cumple seis meses, aproximádamente, comenzamos a darle poco a poco comida sólida, como la fruta, yogures, papilla, entre otros alimentos. Hasta los 6 meses del primer año de vida del bebé es estrictamente necesario el amamantar a los bebés debido a que se completa la formación de sus funciones intestinales.
El bebé ya no puede mantener una alimentación única de lactancia materna. Si esto se llegara a producir, eso le llevaría a una desventaja nutricional. El cambio de alimentación requiere ayuda y paciencia. Habrá alimentos que no querrán tomar, otros que le produzcan diarrea… hay que tener paciencia y detectar aquellos alimentos que no tolera, para comentárselo al pediatra. El organismo del bebé debe irse acostumbrando progresivamente a ese cambio de alimentación.
Si el bebé llora porque no quiere comer, y los padres recurren al pediatra, puede que él recomiende el uso de complementos para el apetito. Con paciencia, poco a poco, iremos consiguiendo que nuestro bebé se vaya alimentando con comida que nunca ha tomado y que le irá gustando conforme se acostumbre.
El ritmo de alimentación de un niño de 1 año debe obedecer a su necesidad nutricional, a su actividad física y eliminación. Por tanto, no hay que darle de comer hasta que tenga hambre, porque con hambre lo aceptará. En principio, introducir un alimento nuevo se tarda unos 2 ó 3 días y luego se establece un patrón de horarios normal en los que requiere alimentación.