Desde hace varios años se escucha mucho la frase “Es que los niños de hoy no tienen respeto” o “No respetan nada ni a nadie”. Pero ¿de qué estamos hablando en realidad?, ¿de que no obedecen?, ¿de que no tratan con la debida cortesía a las figuras de autoridad?, ¿de que no muestran aprecio ni cuidado por su entorno?, ¿de que no respetan las normas? Puede que éstas sean manifestaciones de falta de respeto, pero su auténtico significado es más profundo.

Respetar implica:

■ Que nos aceptamos, nos valoramos y nos sentimos merecedores del aprecio y consideración de los demás.

■ Que somos capaces de ponernos en el lugar del otro y de comprender sus sentimientos y, por tanto, de no hacer nada que pueda dañarlo o, incluso, de hacer cosas para ayudarlo.

■ Que aceptamos las diferencias (de cultura, de creencias, de costumbres, de ideas) y sabemos convivir con ellas.

■ Que reconocemos la autoridad moral y la sabiduría de ciertas personas y, en consecuencia acatamos sus decisiones.

■ Que apreciamos el valor de lo que nos rodea y que hacemos lo necesario para cuidarlo.

■ Que apreciamos las normas sociales creadas para facilitar la convivencia.

Al igual que otros valores, la noción de respeto se adquiere en el hogar desde que el niño es pequeño. Por ello, es muy importante que los padres seamos consecuentes con aquellas conductas que queremos que nuestros hijos aprendan:

■ Si para nosotros son importantes los buenos modales, práctiquémoslos siempre.

■ Si queremos que respeten nuestras cosas,  nuestro espacio o nuestro tiempo, hagamos lo mismo con ellos.

■ Si queremos que cumplan las normas familiares o sociales, demos ejemplo.

■ Si queremos que respeten a la maestra, a sus profesores, a sus abuelos o a los vecinos, empecemos por hacerlo nosotros.

Dejar una respuesta