Sin duda que depende de la educación que querramos para nuestros hijos,  pero lo que nunca debemos olvidar es que nuestros pequeños: nos vigilan, miden y comparan lo que hacemos todo el día. Pero no perdamos la objetividad, tratemos de ser lo más justos posibles.

–Da explicaciones: Las mayores injusticias se cometen con argumentos del tipo «porque lo digo yo y punto». Aunque sean chiquitos, conviene ofrecerles razones: «A dejar de jugar y a empezar a ordenar que mañana hay que madrugar».

–Debes tener en cuenta otras opiniones. Dejemos que expresen su disconformidad. Los chicos tienen derecho a discrepar y es bueno que puedan exponer sus argumentos, sin que sirva de excusa para intentar transgredir los límites. Si estamos convencidas de que algo es justo, debemos mantenernos firmes.

Reconoce tus errores: Nadie es infallible; las madres, ni el padre, tampoco. A veces, conviene revisar las normas y reflexionar: ¿somos demasiado estrictos?, ¿les pedimos demasiado?, ¿somos condescendientes con el menor y muy exigentes con el mayor?

No tratar igual a sus hijos. Cada chico es distinto. Incluso en caso de gemelos, cada uno tiene personalidad, intereses y sentimientos propios. El tratamiento debe ser diferenciado, sin favoritismos, pero teniendo en cuenta las peculiaridades y necesidades de cada cual. Este tema sin duda es muy delicado, pero si tus pequeños tienen edad para entender (aunque sea un poquito), trata de explicarles las diferencias que puede haber entre uno y otro, que es algo totalmente normal.

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