La fitoterapia utiliza diferentes partes de las plantas, incluyendo flores, hojas, raíces y semillas, para mejorar el buen estado en general y paliar dolencias típicas de la gestación. Se pueden incorporar a cremas, hacer tisanas y añadirlas a la bañera o consumirlas en forma de tisanas, gotas o grajeas.

Cómo te ayuda la fitoterapia:

El jengibre es el mejor aliado contra los vómitos; la regaliz ayuda en casos de estreñimiento o hemorroides; la menta es un estupendo tónico estomacal y un perfecto sustituto del café; la camomila facilita la digestión y actúa como relajarte.

Qué debes saber:

Los remedios con efecto laxante, como la cáscara sagrada, el sen o la frángula, deben evitarse en el embarazo. Tampoco son recomendables el perejil o la salvia, cuyos efectos sobre la gestación aún no están comprobados. Otra de las plantas con las que hay que tener cuidado es la valeriana: tomarla en exceso puede inducir un estado de tranquilidad excesiva en el feto. Lo mejor es optar por la melisa, más segura y suave. Es importante que no tomes ningún remedio de herbolario sin consultar a tu médico y ser muy cuidadosa con las dosis.

Para probar:

La equinácea, en cualquiera de sus versiones, resulta excelente para prevenir y combatir gripes y catarros, ya que aumenta las defensas del organismo frente a virus y bacterias.
La infusión de hojas de frambueso es una auténtica todoterreno: es rica en calcio y magnesio, por lo que tiene un efecto relajante sobre huesos y músculos (con lo que alivia los calambres) ejerce una acción calmante sobre las náuseas y, ya en el posparto, favorece la producción de leche si deseas amamantar.

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