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La importancia de una correcta ingesta de agua, líquidos y bebidas radica en que ésta es el principal componente de nuestro cuerpo. En el feto, más del 90% del peso corporal es agua. El agua no es sólo abundante sino que resulta esencial para la vida pues los procesos metabólicos ocurren en un medio acuoso. La infancia y juventud son dos de las etapas en las que debemos prestar mayor atención para mantener unos niveles óptimos de hidratación. Sin embargo, depende de cada situación.

Un bebé recién nacido no necesita tomar agua ya que con la lactancia materna lo cubre todo. El hecho de darle agua puede disminuir los nutrientes que contiene la leche materna. A a los bebés alimentados con lactancia artificial, se les puede ofrecer un biberón con agua entre las tomas. Sin embargo, conforme va creciendo, debemos ir dándole agua cada poco tiempo ya que ellos no podrán pedirnos que quieren agua hasta que sepan hablar. Los bebés se ven especialmente expuestos a sufrir golpes de calor y deshidratación en lugares muy calurosos.  Los lactantes deben ser considerados de forma especial en cuanto a las pérdidas y requerimientos de agua.

Mientras no pase los tres primeros meses, a menos que lo indique el pediatra, no le des ningún tipo de zumo, agua dulce o manzanilla, realmente no le hace falta. Sin embargo, dependiendo de si se alimenta con leche materna o no ya sabéis que se recomienda que le deis o no. Ante cualquier duda, lo mejor es consultarlo con vuestro pediatra.

 

 

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