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Entre el almuerzo y la cena pueden transcurrir seis o siete horas, aproximadamente, un período demasiado largo en el que el pequeño necesita tomar algún alimento.

UNA BUENA MERIENDA: Es importante que la comida de la media tarde sea liviana no muy calórica, sencilla y, sobre todo, muy agradable. En cuanto a los nutrientes, debe contener carbohidratos completos (esto es, pan o cereales) y sencillos (algo dulce), calcio (leche o derivados) y vitaminas (un jugo o una fruta).

¿QUÉ HA ALMORZADO Y QUÉ VA A CENAR? La merienda ayuda a complementar y equilibrar la dieta. Por eso, a la hora de prepararla, conviene pensar en lo que ha comido el chico al mediodía y en qué le vas a dar de cenar. Si, por ejemplo, las comidas principales has sido pobres en proteínas (el chiquito dejó casi todo el churrasco y apenas probó la sopa), podremos darle pescado. Por el contrario, si ha hecho una comida copiosa, la merienda podrá ser todo lo suave que el pequeño quiera. Lo que nunca se debe hacer es no dársela.

MERIENDAS PARA DIFERENTES OCASIONES:

• Clásica: Una fórmula muy sabia que reúne todo lo que debe tener una merienda: una taza de leche chocolatada, galletas o, en su lugar, pan con dulce y un vaso de leche.

• Merienda-cena: Un trozo de pizza o una hamburguesa. Un vaso de leche y una pieza de fruta o un jugo. Ideal para cuando está cansado y no puede esperar la cena.

• Divertida: Muy nutritiva y fácil de digerir: gelatina de diferentes colores, sabores y formas, decorada con dados de queso, fruta y crema de leche.

• Liviana: Para después de una comida muy abundante, podemos darle un licuado con leche y frutas o yogur. Una pieza de fruta o un jugo de manzanas.

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