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Sobreprotegerlo o decirle a todas horas “cuidado” se contraproducente para su educación, porque no le permite realizar sus propios descubrimientos. Existe gran diferencia entre mostrarse precavidos y ser miedosos. “Un exceso de prudencia por parte de cualquiera de  los padres resulta perjudicial para el desarrollo psicológico del pequeño”.

En un chico sobreprotegido se pueden observar, más adelante, dos tipos de conducta:

• Si al pequeño se le dificultan en forma sistemática la culminación de sus deseos e inquietudes, puede convertirse en un chico conflictivo. Procurará transgredir las normas y rechazará los consejos paternos sin diferencias los razonables de los que no lo son.

• La otra conducta podría derivar en un chico excesivamente miedoso y/o tímido. En este caso, no encontrará, por sí mismo, el empuje necesario para intentar las hazañas propias de su edad.

¿Cómo hallar el punto medio para no pasarse ni por defecto ni por exceso de precaución?. Se impone una regla básica: prohibir o llamar la atención de nuestro hijo sólo cuando sea necesario. De esta forma, irá diferenciando en su sistema de aprendizaje las conductas convenientes de las no deseables. Y si procuramos agregar una explicación adecuada sobre el porqué de las prohibiciones, conseguiremos reforzarle la confianza en sí mismo.

En muchas ocasiones, se produce la siguiente contradicción: los padres desean que sus hijos desarrollen una personalidad independiente pero, como es lógico, también sienten la necesidad de protegerlos. La correcta armonía entre ambas tendencias es apoyar al niño, puesto que se trata de un ser todavía indefenso, tratarlo con comprensión y estimularlo para que sea capaz de reforzar sus propias capacidades.

En la medida en que los padres sean positivos, el chico podrá ejercer, progresivamente, mayor control sobre los acontecimientos externos. Numerosas investigaciones sobre la formación de la personalidad en diferentes sociedades indican que los emprendedores, luchadores y resistentes proceden de hogares donde se combina el amor materno con la comprensión paterna.

2 Comentarios

  1. ¡Que duros los primeros días de cole!

    Para Amiel de 18 meses de edad, si que han sido duros los primeros días en

    La guardería “La escuelita“, ubicada en la calle Herreros, nº 28, en Albacete.

    Tanto su pediatra, como la pediatra del servicio de urgencias del hospital general,
    coinciden en que los hematomas que presenta Amiel en la espalda, en un brazo
    y en la cara,
    corresponden a mordeduras de un niño de dos años aproximadamente. Así consta en el parte oficial de lesiones que nos han dado en el hospital.
    Como para tranquilizarnos y quitarle importancia al asunto, nos han dicho en la guardería al ir a recogerla, que tenía un mordisco y un arañazo en la cara, que otro niño le había hecho al pelearse por un juguete, nos dicen, “-es parte del periodo de adaptación, esto es accidental he inevitable.”
    Sin querer imaginar lo sucedido, aun nos preguntamos como en una clase de no más de siete niños de dos años con una educadora, puede ocurrir algo así.
    Hubiéramos comprendido que un mordisco, incluso con arañazo, pudiera ser accidental, pero de cinco hematomas en tres lugares distintos, no nos convencen que fuera algo tan inevitable.
    Confiamos que en un pronto juicio se aclaren los hechos y que este tipo de negligencias profesionales se reprendan con todo el peso de la ley por tratarse de la integridad física de un menor, en este caso nuestra hija y que se hagan públicos estos casos con el fin de que la buena o mala fama de lugares tan conocidos en nuestra ciudad,
    estén respaldadas por la profesionalidad y el buen hacer y no por otras circunstancias.

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