Muchas mujeres se plantean cómo alimentar a sus bebés en los primeros meses de vida. Para esta cuestión, como para todas, hay diversidad de opiniones.

Según la OMS, la alimentación con leche materna es la forma óptima para facilitar el crecimiento de los niños pues estimula el sistema inmunológico del bebé, al poseer anticuerpos que les protegen de enfermedades víricas así como otras afecciones como enfermedades pulmonares o gastrointestinales.

Del mismo modo, encontramos otra serie de beneficios, ya no sólo para el bebé, sino también para el ámbito familiar y económico. La comodidad y el nulo coste de la alimentación materna es un argumento que puede terminar de convencer a una madre indecisa.

Sin duda, la lactancia materna es la forma natural de alimentación que no necesita argumentos científicos para ser probada. Y, si dejamos aparcados, por un momento, todas las ventajas y beneficios que le aportamos a nuestro bebé, lo cierto es que se trata de una experiencia muy especial y única. El momento de dar de mamar a tu hijo o hija, personalmente, lo he vivido siempre como una especie de ritual íntimo, personal, de calma, compenetración, complicidad… Es una sensación que cuesta explicar y que, supongo, a cada cual le despierta unas emociones muy particulares.

Actualmente, las leches para lactantes están mucho más preparadas que antes, con más nutrientes y complementos que buscan la máxima similitud con la leche materna. Por eso, un bebé no va a dejar de estar bien alimentado porque no pueda tomar leche de la madre. Ni tampoco, como he podido escuchar alguna vez, una madre quiere menos a su hijo o hija por no darle el pecho.

Al mismo tiempo, existen otros factores a tener en cuenta a la hora de llevar a cabo uno u otro método. La lactancia materna requiere más tiempo y dedicación que, en algunos casos, es totalmente incompatible con las obligaciones laborales de la madre. Asimismo, puede darse el caso de que la leche no tenga la calidad suficiente para alimentar al bebé, que tenga dificultades para succionar o que haya tenido cualquier complicación de salud, ya sea del niño o la madre, que le impida aprovechar los beneficios de la lactancia.

Como en otras cuestiones referentes a la maternidad y al cuidado de los bebés, yo soy defensora de la naturalidad y cada madre sabrá lo que le marca su instinto para llevarlo a cabo, siempre que sea posible. Desde mi humilde opinión y, siempre que se pueda, recomiendo vivir esa complicidad y esa magia que se crea entre el bebé y tú cuando le estás dando pecho. Ambos salís beneficiados.

 

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