Las estadísticas revelan que son cada vez más frecuentes los recién nacidos y lactantes de pocos meses que nacen o desarrollan al poco de nacer deformidades de la cara y de la cabeza que no mejoran con los días o incluso se agravan con el crecimiento. Por ello cualquier anomalía de la forma de la cabeza que se aparta de la normalidad debe ser reconocida, etiquetada y tratada.

No debemos quedarnos tranquilos sólo porque la medición del perímetro craneal sea normal. Poco importa que el perímetro sea el adecuado si la forma del cráneo no lo es, como poco importa que la altura del niño sea la correcta si su espalda está torcida. Ante cualquier desviación de la normalidad debemos investigar cómo duerme el pequeño y evitar la presión mecánica sobre dicha zona.

Existen tres casos diferentes:

–La plagiocefalia es una deformidad craneal que se observa en España en el 12% de los recién nacidos. Conlleva un grado variable de deformidad que deriva en formas de rombo en visión cenital frontal. Supone el 80% de los casos de deformidades craneales. Al margen del aspecto clínico y estético, la plagiocefalia no tratada puede provocar a largo plazo cefaleas, estrabismos, trastornos en dentadura, etc.

–La braquicefalia es un aplanamiento más o menos simétrico de la región occipital del cráneo que afecta a un 13% de los casos de deformidad.

–La escafocefalia, menos habitual, tiene un índice más elevado entre prematuros y se caracteriza por el aspecto alargado y estrecho del cráneo.

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