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Las diarreas estivales en los bebés hay que detenerlas a tiempo, siempre es recomendable acudir al médico, es preciso administrar al bebé abundante líquido para evitar el riesgo de una de deshidratación que puede tener consecuencias fatales. Durante el verano se suelen dar más casos de chicos con infecciones intestinales, ya que el calor favorece su aparición.

SUS SÍNTOMAS SUELEN SER:

• Heces líquidas: Pueden ser líquidas o pastosas con olor ácido e, incluso, contener moco, sangre o pus en cantidades variables.

• Náuseas y vómitos: El niño suele perder el apetito y rechazar la comida. Es frecuente que regurgite la leche y las papillas.

• Dolor de abdomen: Retortijones y dolor de panza son también habituales. Lo notaremos porque se encoge protegiendo su pancita.

• Fiebre: Suelen aparecer unas décimas de fiebre, pero no siempre. Estará más molesto y somnoliento que de costumbre y no tendrá ganas de jugar ni de moverse.

• Molestias al defecar: Es frecuente que llore cuando hace caca, debido al dolor. Su colita puede estar irritada.

• Estará irritable: Se encontrará a disgusto e irritable. Llorará y nos resultará muy difícil entretenerlo.

En los lactantes, el bebé pierde un 5% de su peso corporal, si se trata de una deshidratación leve; si la pérdida es de entre el 5% y el 10%, sería una deshidratación mediana; entre el 10 y el 15%, es grave.

Es fundamental reponer todos los líquidos perdidos con una dieta hídrica que hay que mantener de 6 a 9 horas, en bebés menores de 6 meses; de 9 a 12 horas, en chicos de 6 a 12 meses; y de 12 a 24horas, en los que superen el año.

Se les debe ofrecer a cucharaditas en breves intervalos. La cantidad de líquidos depende del peso del niño. Lo habitual es administrarle entre 50 y 150ml por cada kilo de peso al día, pero puede beber todo el líquido que quiera.

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