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El miedo es una reacción natural y útil para el desarrollo de un niño. No obstante, los padres tienen que ayudar a sus hijos a enfrentarse a él si no quieren que se convierta en un problema .Los niños suelen tener miedos que a menudo los adultos no consiguen comprender, porque los consideran exagerados.

Sin embargo, hay que pensar que el mundo visto a través de los ojos de un niño puede ser un lugar terrorífico: un universo lleno de elementos incontrolables y ajenos a lo familiar. Habitualmente los miedos infantiles constituyen una fase pasajera, pero pueden convertirse a un problema sobre todo si los padres tienen miedos similares o si no se hace nada para ayudar al niño, a superarlos.

Es muy común el miedo a la oscuridad, a los animales, a los fantasmas o a los monstruos. Y es normal que, con el paso del tiempo, estos miedos desaparezcan. Según la edad, son más frecuentes unos miedos que otros:

0-36 MESES: miedo a los ruidos y objetos que aparecen bruscamente, a los extraños, a separarse de los padres y a la oscuridad.

3-6 AÑOS: miedo a separarse de los padres, a los animales, a la oscuridad, a los monstruos, a los fenómenos naturales cómo: tormentas, truenos…, y a los muertos.

7-10 AÑOS: miedo a la oscuridad, a los seres sobrenaturales, a hacer el ridículo frente a sus amigos o en el colegio, a la soledad, a la enfermedad y a la muerte.

11-12 AÑOS: miedo a la muerte (especialmente de sus padres y a quedarse sólo), a los cambios físicos y al rechazo social.
 

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