Cuándo son bebés todo es maravilloso. Los padres son los que eligen las prendas que van a lucir y con tanta y tan bonita variedad es un verdadero placer. Pero, a medida que se va acercando el segundo cumpleaños, la situación cambia y el chico ya empieza a mostrar interés por la ropa.

Al principio, sus gustos resultan simpáticos: “Qué gracioso, le encanta el buzo del osito.” Pero cuando cumple los tres años, pasa de tener un buzo favorito, un color favorito y…..un gusto espantoso. Coco Chanel decía que los vestidos iluminan la personalidad de cada uno. Y aquí está el problema: a esta edad, los chicos empiezan a descubrir su propia personalidad, y el ejercicio de decidir que les gusta y que no refuerza su autoestima. Si logran lucir las prendas que prefieren, se sentirán capaces de llevar adelante sus ideas y convicciones también en otros aspectos de su vida.

El vestuario expresa nuestro ánimo ¿A que cuando estamos más contentos tendremos a usar prendas de colores? A ellos le pasa exactamente lo mismo. La elección de la ropa no es un mero capricho infantil, sino que puede responder a ciertas necesidades ocultas para los adultos y difíciles de explicar para los pequeños. Si no,¿Por qué les gusta tanto disfrazarse? Porqué así se expresan tal y como quieren ser: como sus ídolos. Ya sean Batman o Spiderman, Barbie….

Pero ¿Tenemos que dejar que nuestros hijos usen lo que quieran y cuando quieran, sólo porque están desarrollando su personalidad? Por supuesto que NO. Establecer límites es igual de importante que darles libertad. No pueden vivir sin ellos. Sin patrones ni adultos que manden y ordenen, su mundo se desestabilizaría y, a la larga, provocaría desórdenes en su personalidad. Además, no podemos tolerar que salgan a la calle con abrigo en verano o en mangas cortas en invierno, ni permitirles que lleven un aspecto inadecuado para ir a un determinado lugar.

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