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La zurdera se podría definir como la tendencia a utilizar preferentemente la mitad izquierda del cuerpo (no sólo la mano) para cualquier movimiento o actuación. Esta preferencia viene determinada por la asimetría cerebral: el cerebro tiene dos hemisferios, cada uno con funciones específicas.

En el derecho residen las funciones creativas, la imaginación, la memoria no verbal, las habilidades musicales, el pensamiento concreto, la genialidad, etc…. En el izquierdo están las áreas del lenguaje, la memoria verbal, la lectoescritura, la lógica, la matemática y el pensamiento abstracto.

En las personas diestras, el hemisferio dominante es el izquierdo y en las zurdas es el derecho. En lo chicos, la lateralidad o elección de su lado dominante queda totalmente establecida entre los cuatro y los siete años.

Desde bebés hay que estimularlos para que sean ellos mismos quienes seleccionen su mano preferente, sin forzarlos ni inducirlos en ningún caso. Una zurdera contrariada puede provocar múltiples trastornos: dislexia, tartamudez, dificultades de aprendizaje, fatiga, etc…

Como el mundo está pensado para los diestros (algo tan sencillo y habitual como un abrelatas o un sacacorchos es un problemón para un zurdo), es fundamental que facilitemos las cosas a los zurdos en su vida doméstica y escolar, con utensilios adecuados y enseñándoles posturas correctas que eviten el dolor muscular y el cansancio.

No olvidemos que deben enfrentarse constantemente a un entorno que para ellos funciona al revés. Los zurdos viven en un mundo de diestros. Están en desventaja, hay que ayudarlos.

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