A los pequeños de tres y cuatro años les fascina todo lo que tenga que ver con el cuerpo y sus funciones. Un eructo es divertido porque cuando lo hacen, las personas que lo rodean en ese momento normalmente se ríen o reaccionan de una manera exagerada y por un ratito son el centro de la atención.

El pequeño percibe en esa reacción que su comportamiento es gracioso. Para quitarle la costumbre, lo mejor es que cuando haga alguna de esas demostraciones no le demos ninguna importancia y, sobre todo, que no haya reacciones del entorno. Cuesta pero debes tener paciencia.

Por otro lado, aunque aún es chiquito para distinguir qué cosas pueden hacerse en público y cuáles no. Los niños suelen tener actitudes de mal gusto para ser el centro de atención. A parte tienen el don de dejarnos muy mal parados en ciertas situaciones importantes. Pero gritarles o rezongarlos en público no hará que esos malos modales desaparezcan, lo hará peor.

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