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Una de las facetas más desconcertantes del oficio de ser padres es que no hay tiempo para aprenderlo. De repente, el soñado bebé se ha convertido en un ser real, que está ahí y necesita que lo atiendan. Los nuevos padres sienten una mezcla de felicidad e inquietud, de ternura e inseguridad. Al fin y al cabo es la primera vez que se enfrentan a algo que parece tan delicado (aunque, en realidad, no lo es tanto).

Existen algunas preocupaciones típicas que comparten casi todos los padres primerizos. Algunas tienen una respuesta fácil y otras sólo se resolverán cuando el pequeño y sus padres se conozcan un poco mejor. Algunas de las interrogantes más comunes son: ¿Cómo tienen que ser las heces?, se le está poniendo la cara amarilla ¿está bien?, además del pecho ¿necesita tomar otros líquidos?, ¿es normal que expulse algo de leche al eructar?……

¿CÓMO TIENEN QUE SER LAS HECES?

Un bebé alimentado con leche materna casi nunca de motivos para preocuparse en este sentido. Durante los primeros días, las heces suelen tener un color negruzco y contener moco. Más tarde pueden ser amarillas o de color mostaza, pastosas o líquidas, escasas o más abundantes. Es tan normal que defeque una vez al día como seis o siete veces, sin que eso signifique que tenga diarrea o esté estreñido.

No obstante, si un bebé de pocos días de vida pasa más de 48 horas sin tener una deposición, tenemos que llevarlo al médico. En el chiquito alimentado a mamadera, las heces están desde el principio más formadas y sólidas, con una o dos deposiciones diarias. Al contrario de los amamantados, estos bebés pueden sufrir estreñimiento o diarrea con más facilidad. Si esto ocurre, conviene consultar al pediatra, ya que la causa puede residir en un error nutricional o en una intolerancia a algún componente de la leche.

SE LE ESTÁ PONIENDO LA CARA AMARILLA. ¿ESTÁ BIEN?

La mayoría de los recién nacidos presentan una coloración levemente amarillenta a partir de los dos o tres primeros días y hasta la primera semana. Se trata de la ictericia, una acumulación en la piel de un pigmento llamado bilirrubina. Puede deberse a varias causas, aunque lo habitual es que ese un problema de inmadurez en el metabolismo del bebé. Una manera de evitar un aumento importante de este pigmento es exponer al bebé a la luz solar indirecta. Si pasada la primera semana continúa esa coloración, se debe consultar al médico.

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