Los niños actúan por imitación. Si viven en un entorno agresivo, serán agresivos. Por lo tanto, la bofetada como escarmiento les hará pensar que la violencia es un comportamiento socialmente aceptable. Las estrategias para que tu hijo deje de morder y pegar son otras muy distintas:

-Háblale: Reconduce su frustración con gestos y palabras. Pon cara de disgusto o infelicidad y después dile: “Dame un abrazo, eso sí que me gusta”.

-Enséñale: No te conviertas en su saco de golpes o mordiscos. Déjale claro que no consentirás que te haga daño. Coge su brazo y haz una suave presión con tus dientes, lo suficiente como para que se dé cuenta de que morder, duele.

-Corrígelo: Si pega o muerde a otros niños para obtener un juguete, explícale que no se puede pegar a los demás y que hay que compartir las cosas. Pídele a la víctima de la agresión que diga que no jugará más con él hasta que le pida perdón.

-Oriéntalo: Sé consecuente y repite las mismas acciones y mensajes cada vez que muerda o pegue, no sólo cuando tengas ganas o realmente haga daño de verdad, a ti o a los demás.

-Motívale: Los niños responden bien a la recompensa. Diseña un panel donde enganchar caras sonrientes cada vez que resuelva sus conflictos sin violencia. Cuando tenga tres caritas, celebradlo con una actividad que le haga especial ilusión.

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