Durante el período en que dure la bronquiolitis, tenemos que considerar normal el hecho de que el bebé pierda el apetito debido a la fiebre, la falta de ejercicio durante la enfermedad o a que le cueste tragar, ya que tiene las fosas nasales obstruídas por la mucosidad. Así rechazará el pecho o el biberón.
Su alimentación deberá de ser totalmente normal y no es preciso que siga una dieta específica. No debemos obligarle a comer ya que, si es un lactante y se le fuerza, lo más probable es que vomite.
Si el niño ya toma sólidos y pierde el apetito, le podremos ofrecer los alimentos en forma de líquido (purés, zumos, leche,…); de esta forma, le costará menos trabajo tragarlos.
La mucosidad que se forme en su nariz la podemos eliminar con una perita o con un dispositivo para aspirar las secreciones, antes de cada toma y antes de acostarle. Después, podemos ponerle unas gotitas de suero fisiológico en las fosas nasales para humidificarlas y despejarlas.
Nota: en el mercado existen unos aplicadores en spray muy prácticos.
Es muy importante recordar que, contrariamente a la creencia popular, ingerir una gran cantidad de leche o de lácteos cuando se está pasando una bronquiolitis no afecta a la calidad del moco. Lo mismo ocurre con cualquier otra enfermedad respiratoria.