alimentacion

Comer variado: Es importante habituarles a masticar y degustar todo tipo de alimentos, así como acostumbrarles a las más variadas técnicas culinarias: plancha, horno, guisos o estofados, sin limitarse a fritos y rebozados que, aunque es cierto que les resultan más gustosos, añaden grasas innecesarias a los alimentos. En cuanto a las guarniciones, intentar cambiar las patatas fritas y el ketchup por verduras, ensaladas o puré de patata. Al principio costará, pero si los padres también lo hacemos será más fácil.

Recuerda:

Hay que explicarles claramente las ventajas de la alimentación que les damos, frente a los inconvenientes que tiene la que a ellos quizá les apetecería más: “chuchea”, hamburguesas, patatas fritas, refrescos gaseosos, etc. Recuerda que no debe usarse la comida como premio o castigo, pues puede llevar a nuestros hijos a conductas alimenticias inadecuadas: caprichos, rechazo a ciertos alimentos…

Meriendas saludables: La merienda suele ser muy bien aceptada por los niños y los padres debemos aprovecharla para complementar la dieta, porque permite incluir productos de gran interés nutricional: lácteos, frutas naturales, bocadillos diversos… Conviene huir, por tanto, de la bollería industrial, y dársela únicamente como un extra. La merienda, sin embargo, no debe ser excesiva, para que los niños mantengan el apetito a la hora de la cena.

Ojo a las chuches: Con respecto a su alimentación, no debemos facilitarles el acceso a “chuches”, bebidas azucaradas, bollería y demás alimentos poco saludables, y lo mejor es que no los vean en casa. Deben saber que están indicados para ocasiones especiales: fiestas, fin de semana, salidas… o en las situaciones que papá y mamá así lo decidan, pues tampoco se trata de no dárselos nunca. Por contra, hay que favorecer que tomen la cantidad adecuada de otros alimentos como frutas, verduras y pescados. El hábito del picoteo poco saludable contribuye a que el pequeño aumente de peso, incorpore calorías vacías a su dieta y, a la larga, pueda sufrir obesidad.

Beber más agua: El cuerpo necesita hidratarse, por eso resulta fundamental beber agua y tus hijos deben acostumbrarse a hacerlo, eso sí, no de golpe, sino hacerlo a pequeños sorbos a lo largo del día. El agua debe ser su bebida de elección, frente a refrescos gaseosos y/o azucaradazos. Los zumos de frutas, mejor naturales.

Cena en familia: Nos pasamos el día fuera de casa y el horario de muchos padres ni siquiera les permite ir a recoger a sus hijos al colegio, por eso la cena debería convertirse en una especie de ritual diario en la que no sólo se sirvan alimentos que equilibren la comida del mediodía, sino donde padres e hijos puedan conversar relajadamente para comentar el día antes de irse a dormir.

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