Si nos referimos a la terminología científica, nos podemos llevar una sorpresa. Seguramente no sabemos que se trata de unos insectos del orden anoplura, de la familia de los pedicúlidus, del género pedículus, especie humanus y de variedad cápitis. Todo esto es el simple piojo.
Quien no haya visto nunca un piojo de cerca, o no se haya fijado detenidamente en cómo es, merece la pena que conozca una descripción detallada.
Es de cuerpo alargado y aplanado, de color blanco grisáceo. Muy duro. No se puede aplastar con los dedos. Tiene la cabeza angular y el tórax con nueve segmentos. La cabeza tiene un par de ojos laterales simples. Tiene también dos antenas cortas y una pequeña trompa extensible dotada de una pequeña pica. Se alimentan de la sangre de quien parasitan, sangre que chupan por esa trompa.
Tiene tres pares de patas con una particularidad curiosa: terminan en una especie de garfios, de ganchos para agarrarse a pelos y a fibras. Son tan curiosos esos ganchos que les sirven para no caerse fácilmente de quien les hospeda. Y, sin embargo, pueden fijarse con gran facilidad en un nuevo inquilino.