(segunda parte). Continuamos con nuestro abecedario de los alimentos más nutritivos.

CALCIO

Presente en la leche, el queso y en algunas verduras es un oligoelemento indispensable en los primeros meses de vida del bebé. Responsable en buena medida del desarrollo óseo y de la contracción muscular, es necesario que el bebé tenga un aporte de un mínimo de 500 ml de leche diariamente hasta el año de vida.
Si al cabo de unos meses, el bebé rechaza una parte del biberón, se pueden completar las necesidades de calcio con otros productos lácteos. Por ejemplo, 200 ml de leche equivalen a 1 yogur, 3 PetitSuisse, 20 g de queso Gruyere o 45 g de Carhembert.

CHIRIVÍA

Una raíz tan vieja como la Antigüedad, pertenece a la misma familia que la zanahoria. Olvidada durante mucho tiempo en nuestra cocina, vuelve a emplearse de nuevo gracias a sus gran interés nutritivo. Contiene potasio, vitaminas Bl, B2, B3, B5, B6, C y E y es también una gran fuente de ácido fólico (o vitamina B9). El ácido fólico juega un papel esencial en la producción de material genético y de los ácidos necesarios para el crecimiento de las células, así como para el funcionamiento del sistema nervioso y del sistema inmune. Perfectamente adaptable a la alimentación de los pequeños, la chirivía puede comerse hervida, en puré; si lo prefieres, casa muy bien con frutas de carne blanca, como la pera o la manzana.

GENJIBRE
Una especie que nos llega de Asia, el jengibre era utilizado por los indios gracias a sus propiedades digestivas y para prevenir las náuseas. En la cocina actual se utiliza para aprovechar su acción beneficiosa para la salud y su excepcional sabor que aromatiza los platos.

HIERRO

Este mineral juega un papel fundamental en el transporte de oxígeno por el cuerpo y en la producción de anticuerpos y de glóbulos blancos, especialmente durante los primeros años de vida de tu bebé. Está presente en algunas legumbres, como las lentejas, pero donde se encuentra en mayores cantidades es en la carne, el pescado, la yema de huevo y las leches infantiles.
El organismo lo absorbe mejor de estos alimentos que de las legumbres.
Una de las causas de carencia de hierro entre los bebés se explica por una diversificación alimenticia tardía. Es importante, pues, que tu bebé comience a comer pescado, (bacalao fresco, merluza, lenguado) y carne de ternera, pavo, o pollo a partir de los 6 o 7 meses de edad (un máximo de 20 g al día).
Un aporte correcto de hierro en la alimentación infantil reduce el riesgo de que se produzcan retrasos en el crecimiento e infecciones respiratorias.

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