Parece que todo marcha sobre ruedas, el bebé mama bien y contento y, de repente, pasados varios meses, deja de mamar, se muestra inquieto al pecho… ¿Qué sucede? Es lo que se conoce como huelga de lactancia.
Pueden originarse por las siguientes causas:
■ Está enfermo. El niño puede sentir molestias al mamar si tiene otitis, dificultad para respirar por un catarro, dolor porque le está saliendo algún diente…
■ Has cambiado de perfume, de crema… Tu hijo es muy sensible a tu olor. Por eso, aunque te parezca increíble, puede mostrar rechazo si eventualmente cambias de crema o de perfume y lo reconoce como extraño.
■ Nuevas rutinas. Si hay cambios en la organización familiar y el bebé pasa más tiempo solo del que acostumbraba o tú debes ausentarte más de lo normal, puede protestar rechazando el pecho. Además, le afectan mucho ciertas manifestaciones tuyas; por ejemplo, si te muerde cuando está mamando y das un grito, él se asustará y quizá no quiera mamar durante unas horas o días.
■ Prefiere un sitio más tranquilo. Un excesivo bullicio puede alterar o distraer (cuando es un poquito más mayor) al lactante. Por eso conviene hacer las tomas en un entorno tranquilo con no muchas distracciones.
■ Nota diferencias en el sabor de la leche. La leche cambia de sabor según lo que come la madre, pero, en principio, no hay alimentos prohibidos. Ni el ajo, ni los espárragos ni las fresas provocan rechazo en todos los niños. Si compruebas que, tras ingerir algo, tu hijo no quiere mamar, haz la prueba retirándolo, pero no de forma preventiva. Además, cuando la madre está con la regla o se ha quedado de nuevo embarazada, la leche toma otro sabor que a algunos niños no les agrada (ninguno de las dos situaciones es motivo para destetar). Para superar las huelgas de lactancia, conviene que intentes confiar en ti misma, darle el pecho cuando esté dormido o en un ambiente tranquilo y extraerte leche para que no disminuya la producción.