Generalmente se introduce sobre los seis meses de vida, pudiéndose comenzar con un caldo de verduras, para pasar en unos días al puré propiamente dicho, compuesto por varias verduras u hortalizas: patata, zanahoria, calabaza, calabacín, puerro, apio, tomate, cebolla, boniato, judía verde, incluso un poco de arroz. Cuando se haya comprobado la tolerancia, se puede añadir 30-40 g/día de pollo (sin piel).

Cómo se debe preparar: Para prepararlo, se hierve todo sin sal y se tritura. Puede añadirse un “rayo” de aceite de oliva en crudo cuando esté hecho. No debe guardarse más de 24 horas sin congelar.

Recomendaciones:

— Se aconseja no poner al principio determinadas verduras (remolacha, nabo, espinaca, lechuga, acelga, col), algunas por su alto contenido en nitratos y otros por ser más difíciles de digerir.

–Al cabo de dos o tres semanas, se puede alternar con ternera poco grasa (por ejemplo, dos días a la semana, siendo similar la preparación).

–Entre los ocho o nueve meses puede introducirse el pescado blanco (30-40 g/día), fresco o congelado, bien alternando con la carne a mediodía o en un segundo puré-sopa nocturno. En este último caso, y para mantener la cantidad de leche recomendada (500 ml/día), existen varias alternativas:

  • ofrecer la fruta de postre del puré de mediodía y una ración láctea en la merienda preparar la fruta de la merienda con leche.
  • dar un poco de su leche tras la comida; obviamente ajustando las cantidades de puré.

–Por último, se acostumbra a empezar a dar pequeñas cantidades de yema de huevo cocido en el puré a partir de los nueve-diez meses. En caso de tolerarlo bien, si se quiere añadir una yema entera al puré, no debe ponerse carne ese día para no proporcionar un exceso de proteínas. Alimentos como el jamón de york, legumbres… suelen posponerse hasta los diez-doce meses.

Precauciones: No es mala idea ofrecer alguna vez un tarrito comercial para que no le resulte extraño si por alguna circunstancia (como un viaje) no se puede dar natural.

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