la cara

Aunque no lo parezca, a los bebés les gusta estar limpios. Puede ser que se esparzan el gajo de mandarina por mentón, pelo y mejillas (y lo disfruten), que metan sus manitas en la papilla y luego las restrieguen por todo su cuerpo, o cosas peores. Pero si no los limpiamos, terminarán quejándose. No hay nada más agradable, también para los pequeños, que sentir la cara limpia y fresca.

–Los ojos: No requieren una limpieza especial. Si tiene muchas legañas, se puede pasar de vez en cuando un algodón mojado en agua hervida desde la nariz hacia afuera. Si tres días después sigue teniendo el ojo muy legañoso, hay que ir al pediatra, ya que puede deberse a una obstrucción del conducto lacrimonasal.

— El Cabello: Cuando son muy chiquitos no hay que usar ningún producto para limpiarlo; con un poco de agua bastará. Empezaremos a utilizar champú a partir de los doce meses. Debe ser suave y neutro, aunque también se puede sustituir por jabón líquido infantil. Basta con un par de gotas. No es preciso lavar su pelo más de dos o tres veces a la semana.

Piel hidratada: Si hace mucho frío y vamos a salir a la calle, es aconsejable hidratar la piel de su cara porque las bajas temperaturas podrían resecarla. También se aconseja usar crema después del baño. Estos cuidados deben extremarse en chicos con pieles sensibles o dermatitis atópica. Prestar atención a que sean cremas autorizadas para bebés.

Mentón: El babeo, tan frecuente en los más chiquitos, puede provocar irritación en la piel que rodea la boca. Mientras el pequeño está cortando los primeros dientes, conviene secarle la barbilla con frecuencia y, si vemos que lo necesita, no olvidemos aplicarle crema hidratante.

Oídos: Sólo hay que limpiar la zona externa de las orejas, sin intentar extraer la cera del oído porque los protege de la suciedad y los gérmenes. Podemos usar la puntita de una toalla. Los hisopos están totalmente desaconsejados. Cada vez que usamos uno, empujamos más cerca al inferior del pabellón auditivo que la que retiramos. Además, podríamos dañar el tímpano de forma irreversible.

Nariz: Tampoco hay que profundizar demasiado. Solamente hay que lavar la parte visible y no intentar acceder al interior. Si asoman mocos, se pueden arrastrar hacia afuera con ayuda de un aspirador nasal (perita de goma con la punta plástica). Generalmente, la nariz se limpia sola cuando el bebé estornuda con fuerza.

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