El gluten es una proteína que se encuentra en las semillas de los cereales, junto con el almidón, al que muchas personas tienen intolerancia o alergia.
En estos casos, ingerir alimentos con gluten produce un daño en la mucosa del intestino delgado lo que impide que se pueda realizar la digestión de manera normal.
Por este motivo, se recomienda introducir el gluten en la alimentación de los bebés de forma progresiva y no antes de los 6 meses de edad. Un estudio realizado por un centro médico holandés, señalaba que los niños que han tomado gluten antes de los 6 meses, desarrollaban problemas con el aparato digestivo, como el estreñimiento o constipación de vientre. Esto, a su vez, podía también generar una intolerancia a la leche de vaca.
La intolerancia al gluten del trigo, cebada y centeno son las personas celíacas y deben llevar una alimentación algo especial.
En la alimentación progresiva de los bebés, los pediatras recomiendan incluir el gluten en la leche a partir de los 6 ó 7 meses. Cuando sólo toman biberón, se empieza a introducir los cereales a partir del quinto mes aproximadamente, depende de cada pediatra, y siempre que sean cereales sin gluten. Si hasta esa edad, el bebé sólo se alimenta de leche materna, algunos médicos recomiendan que se le vaya dando un trocito de pan para que pueda ir chupándolo.
Una vez se introducen los cereales con gluten, si el niño los acepta, podemos seguir con la introducción de alimentos tal y como nuestro pediatra nos recomiende.
Cuando el gluten ya forma parte de su alimentación, podemos observar que el niño tiene los siguientes síntomas; diarrea crónica, molestias abdominales, pérdida del apetito, que esté más llorón o irritable… En estos casos, habría que consultar con el médico para tratar esta anomalía y realizar una exploración que determine si el niño es intolerable al gluten y, por tanto, necesite llevar una alimentación que no contenga esta proteína.