Niños sedentarios, que deben soportar el peso de abarrotadas mochilas, que no tienen unos hábitos posturales adecuados o que realizan actividades físicas de forma errónea, son los principales candidatos a padecer problemas de espalda.

La columna vertebral y la musculatura de esta zona se están formando en el niño y, por lo tanto, es imprescindible corregir sus malos hábitos posturales antes de que se consoliden.Desde que el pequeño tiene tres años hay que empezar a vigilarle y evitar que adquiera estas malas costumbres, enseñándole a sentarse recto.

Por otro lado, es muy importante acostumbrarle a realizar ejercicio físico de forma correcta (con un calentamiento previo) y habitual. Con ello irá ejercitando y fortaleciendo la musculatura de la espalda. Y, por supuesto, no debemos olvidarnos de proporcionarle las cantidades recomendadas de calcio en la dieta, para que sus huesos estén fuertes.

Un “maltrato de la columna” puede provocar varios problemas al niño:

–Lordosis compensatoria: Cuando el pequeño se inclina hacia atrás por el peso, se puede producir una excesivo pronunciamiento de la curvatura lumbar de la columna.

–Cifosis: La inclinación hacia delante puede hacer que los hombros se tuerzan y provocar una postura más redondeada en la parte superior. A su vez, el niño se ve forzado a levantar la cabeza para poder ver correctamente, con lo que los músculos de la columna y del cuello se ponen en tensión.

–Escoliosís: Es una inclinación lateral de la columna vertebral. Esto puede conllevar que un hombro esté más alto que otro y que la cabeza no esté centrada con respecto a las caderas.

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