Los tóxicos a que la futura madre está expuesta durante el embarazo son un legado para toda la vida del bebé. Los alimentos que come, el aire que respira, el agua que bebe contienen sustancias muy necesarias. Pero también de innecesarias y perjudiciales para el frágil desarrollo del feto. Ahora el congreso anual de la Sociedad Internacional de Epidemiología Ambiental, que se celebra en Barcelona y en la que participan unos 1.200 epidemiólogos de todo el mundo, aporta datos abundantes de cómo los tóxicos afectan a los bebés. Entre todos los estudios que se presentan se ha hecho un seguimiento de unas 80.000 embarazadas de Europa y sus bebés (3.500 en España, 750 en Cataluña). Y las conclusiones son claras: los tóxicos nos afectan a todos y se empieza a recibir los efectos en el mismo vientre de la madre.

La exposición prematura a tóxicos podría explicar, aunque sólo fuera en parte, el aumento de ciertas enfermedades en niños, como el asma, la diabetes o la incidencia del cáncer infantil, que está aumentando entre un 1% y un 3 % cada año. “Es un aumento estable y consistente que no sabemos por qué pasa, pero creemos que los cancerígenos presentes en los alimentos de la dieta de la madre tienen un papel importante”, afirma Manolis Kogevinas, director del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL), que organiza el congreso de Barcelona. En este centro hay en marcha un estudio para ver si los móviles pueden tener relación.

También se ha visto que detrás de la diabetes de la madre, que influye en que los bebés nazcan con más peso, puede haber ciertos contaminantes. Precisamente, entre estos bebés con más peso la incidencia del cáncer es mayor, como indica Kogevinas. El desencadenante de esta correlación también podría ser la exposición materna a ciertos contaminantes, como el bisfenol A, que altera la producción hormonal y los niveles de glucosa. “En definitiva, lo que estamos observando en los bebés es lo que también vemos en adultos”, apunta Kogevinas.

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